Apolo, si vive aún el bello deseo que te inflamaba junto a las tesálicas ondas, y si la amada cabellera rubia al paso de los años no olvidaste; del perezoso hielo y del tiempo áspero y malvado que dura tanto cuando su rostro esconde, defiende ahora a la honorable y sagrada fronda donde antes tú, y yo después fuimos atrapados; y por virtud de la amorosa esperanza, que te sostuvo en la vida amarga despeja de estas nieblas el aire: así veremos, para asombro, a un tiempo a nuestra dama estar sobre la hierba y hacerse con sus propios brazos sombra. PETRARCA
Todas las mil fragancias que manan de tu boca son perfumadas nubes que matan de dulzura. Mi cuerpo es como un ánfora hecha de noche oscura que derrama su esencia en ti ¡divina loca! Tus miradas se pierden en los dulces senderos. Por ti Noche y Erebo se vuelven a la nada, Febe se apaga lánguida ante ti, humillada, y se escarcha de flores la cabeza de Eros. En una noche azul y en el jardín silente que tú estés ensoñando con regiones brumosas y el piano marchite la Canción del Olvido. La estrella de mi beso se posará en tu frente, la fuente de mi alma te inundará de rosas y cantará el piano vibrante de sonido. FEDERICO GARCÍA LORCA